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| Una
vez escuchaba a los jacintos ... entre el follaje espléndido y azul llegò hasta mì la canción del hombre, la codicia que no duerme, la apremiante soledad, la mueca hipócrita. Bocabajo, indolente, -invisible para aquellos que la esperan- la justicia duerme, ondulante, blanca su coraza en la oscuridad inmensa... Una vez a orillas de tu cuerpo, se engulleron a si mismas las palabras (ocupadas por los sueños) |