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Se
me hace tarde, pero no recuerdo para qué.
No sé si para salir o para entrar, suponiendo
que haya alguna diferencia.
Quizás para morir, tal vez para vivir,
trabajos pesados que debieron suceder en el pasado,
ahora se tornan forzados
o mecánico reflejo de una inercia galopante.
Para escribir otro verso: miro hacia la ventana
y recuerdo que sus cristales aumentan excesivamente el otoño
recién comenzado; escucho al violinista de la esquina
y me doy cuenta que es domingo y llevo varios días encerrado.
Se me ha perdido algo, y no sé qué es.
¿Un gato, la mano de un amante o el frasco del veneno,
otro amigo que maté la última semana, un país, una
cama?
Algo, algo que no puedo precisar... Ya me vendrá.
Aunque tarde, siempre llega el tiempo.
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