No voy a morir por ti
pues nada quiero.
Apenas
un jardín
donde poder llorar
por debajo
de los hombros
                    y de la tierra,
donde sacudir
los labios cubiertos de ceniza
en busca de las siluetas
           de humo
que conmemoren
       aquellos gestos,
       aquellas palabras,
       aquellas ciudades
de un tiempo
que jamás existió
                 y que aún habito.
No voy a morir por ti
más que lo justo.