Necesito unos zapatos que no mientan,
que no tengan memoria y no se crean sabios,
que no le hagan conversación al empedrado.

En el lugar de la calle
ahora falta la acústica del paso,
perlan charcos sedientos de reflejos,
los que transitan no parecen cuerpos.
Me lleva la senda y no me anuncia su destino.

Necesito unos zapatos que se arriesguen,
que emprendan y que no vacilen
aunque tropiecen con la misma piedra.