Ya no habìa tiempo para recordar
y sin embargo, aùn vibraba
en el pecho aquella incontenible
necesidad de amar.

Un atardecer de pàjaros rojos.
La arena blanca movida por el viento.
Tu despertar entre mis brazos lentos.

Mi beso al aire.
Tus labios sedientos.
Tu primera làgrima.
Mi primer lamento.
Tu entrega a ciegas.
¡Nuestro primer y
ùltimo adiòs!