Sombra de los bosques que te alimentas de mi cuerpo,
yo soy el que palpa el enmudecido aliento de las nubes,
el que busca el verde latido que se precipita en mi sangre.
Enmudecida latitud: parábola en la que tu silencio es mi silencio:
barbecho en la que tu silencio es mi soledad parlante:
tierra y aire de la vida y de la muerte compartiendo luz y noche.
Hombro con mano, mano con hombro, junto a tu conciencia mi dolor
     resiste y calla.
Ya nada depende de tu fuerza, ya nada es materia que pueda
     destruir un hombre o rayo.
Mi carne es tu ensimismada corteza, tu madera mis lóbregas entrañas.
Igual que la densa oración de tu bruma, mi corazón canta, añora y reclama.