De la mano arrancaste el billete
como un niño malo, envidioso niño malo
que huye con el juguete de otro.
Y con el billete de poca monta arrebataste la mano,
quiero pensar que sin saberlo, de quien te dio diez años de manos.
La mano fue también egoísta y desconsiderada: de los cientos de versos
que escribió, únicamente unos veinte fueron para ti;
el resto los concibió para sus ojos,
sólo para sus ojos en la herida soledad y quieta
y cubrir la mezquindad, no digo con lo eterno,
pero sí con el consuelo en fuga de una felicidad
que casi nunca logra sostener por mucho tiempo el peso de la vida.