Mucha gente no tiene tiempo, cuerpo o dinero suficiente para tomarse unas vacaciones, y algunos, ni ganas. Les propongo unos rituales muy baratos, sencillos -incluso para profanos- para divertirse y viajar sin salir de casa. Son aptos para viejos y niños, sanos y enfermos, solteros y casados. Y muy recomendados a divorciados reincidentes: esto es con hijos de varios matrimonios que no puedan permitirse alquilar un autobús ni la mitad de un hotelito o un camping para orear a su numerosa hueste (a la que se suman en ferragosto cuñados variopin-tos). Mi experiencia me dicta que en muchas ocasiones los seres más aventajados son perros y gatos, así que no desdeñen el iniciar en la práctica a sus fieles mascotas si son despiertas. Además Vds. se encontra-rán muy acompañados en la búsqueda. Estos ejercicios pueden realizarse en zapatillas o descalzos, y no requieren una gran forma física ni un nivel alto en destrezas marciales.

Los buenos amantes de la lectura saben que los Alephs más mara-villosos no desdeñan ningún lugar para ocultarse -excepto los que huelan mal- así que no infravalo-ren los altillos de los armarios, ni las cajas de ropa vieja donde tiemblan las prendas abandonadas. Para dis-traer a los Alephs domésti-cos hacia la ubicuidad, es conveniente el uso de óperas, sinfonías y conciertos. No es necesaria -ni recomendable por motivos de salud- la ingestión de bebidas espirituosas, pero acaso ayuden al neófito a liberarse de sus miedos y sentido del absurdo y proporcionen una disposición más relajada a los hipocondríacos.

1/ No atiendan timbres ni llamadas de parroquianos o vecinos ociosos. Desconecten el teléfono. Caso de poseer un aparato móvil, están Vds. imposibili-ta-dos para el ejercicio. No sigan leyendo. Es inútil.

2/ Túmbese el incrédulo en decúbito dorsal, en ese rincón nunca suficientemente valorado del pasillo, de la despensa o del excusado, dejando abierta la puerta del armario en el que se sospeche pueda albergarse el polvoriento Aleph familiar, y permanez-ca muy quieto, mirando a la media distancia procurando no dormitar, pues toda la puesta en escena habría sido inútil. Practique durante muchas horas sin darse por rendido. Para garantizar cierto confort pueden apoyarse cabeza y pies sobre tomos del Aranzadi o bolsas de compresas de noche (sin alas). Cualquiera de estos objetos servirá de valiosa apoyatura.

3/ Convenientemente instalado, se iniciarán los "Conjuros de la especulación en soledad" para los que será imprescindible abrir los Mil ojos de Argos, al tiempo que se pronuncia concentrado: "Conócete a ti mismo". Reitérese hasta alcanzar quinientas repeticio-nes.

4/ Transcurridos unos instantes de reflexión, se empleará la misma técnica con "Sólo sé que no sé nada", aún cuando se haya perdido el sentido de la reiteración o comience a vislum-brarse la intencionalidad del juego. No se desaliente. Permanezca observando siempre un punto.

5/ Apaciguada la soberbia que posea cada cual, debe compren-der -en esta nueva fase de percepción- que el no haber sido capaz de descubrir un Aleph, no niega en absoluto su existencia. Otros lo consiguen. Piense en la lotería. Lea un libro de aventuras.

6/ Este juego -en caso de éxito- puede crear adicción. Ha acarreado pérdida de fortunas cuantiosas a ludópatas contemplativos que abandonaron el cuidado de sus brokers; ha retenido estancados en el mismo nivel a funcionarios que se desinteresaron del escalafón para mirar un punto de fuga. Entraña el riesgo de descubrir, tras la Rosa de los Persas, a la persona amada en complaciente infidelidad o fisgando nuestro E-mail. Y cuando se logra el objetivo, es difícil volver.