Antes del amanecer
saldréis por entre las tinieblas
hacia alta mar, presurosos,
raudos en vuestras cabalgaduras
de jinetes de la estepa undosa.

Cazadores del océano,
recolectores de frutos marinos
erigidos de limo abisal,
de sulfatos precámbricos
bullendo en las fertilidades
de la sal fecundante,
en vuestros rudos semblantes
llagados de sol y resaca,
leo vuestro destino
de hecatombe y tributo,
leo vuestro naufragio
luchando en el andamiaje
estremecedor del agua.

En alta mar tesoro de escamas,
los campos de Poseidón
reverberantes de peces,
cuajados de ágiles formas
habitando el elemento
de la sal reproductora.

Allí hundiréis las redes,
allí lanzaréis el señuelo,
y recogeréis gris cereal,
relampagueantes mazorcas
de granos palpitantes,
racimos de luz oceánica,
vital, apretados de vida.

Mañana harina y abundancia,
mañana la alegre fiesta
en bares y fritanguerías,
y en el hogar de tablas y latas
el fantasma del hambre vencido
por el pan de harina marina.

Y otra vez en la densa sombra
del océano inabarcable,
vuestras cóncavas embarcaciones
cual raudas cabalgaduras
por la estepa undívaga,
hacia los graneros de la mar,
hacia los campos de trigo argénteo
bajo los brillantes peces
de un océano aún mayor.