La felicidad tiene una edad mínima.
De una luciérnaga conserva la vida súbita e intensa
Porque tanta verdosa y centellante luz fue creada para que el ciego campo
Pudiera indicarnos una vereda hacia el milagro
De salir de la oscuridad placenteramente adoloridos
Y recordar así la pena y el alivio.
La felicidad tiene, fugaz y sorpresiva, una edad mínima
Porque fue concebida para todos los años de nuestra vida.

(Madrid, 13 de abril de 2005)