Suscríbase a la página del error cotidiano,
impídase el acceso de la poesía
a los programas de la televisión.
Confísquese el pensamiento de quienes no están de acuerdo
con la publicidad de este eslogan.
No busqué vivir en esta instancia del siglo XXI,
el cual ha decretado la supresión del diálogo
el arresto domiciliario de bibliotecarios y lectores.
Alguien se empecina en borrar la antigua memoria,
las primeras escenas de nuestro paisaje.
No podré contarte mañana quien está fabricando mi muerte.