El pudo haber nacido en cualquier lugar del mundo. Pienso así porque, aunque han sido sus geniales novelas las que le han otorgado mayor popularidad y fama como escritor, su interés por el ser humano, la sociedad, la literatura, el arte, el pensamiento filosófico y los fenómenos políticos, le han llevado a escribir numerosos ensayos y artículos periodísticos sobre esos y otros muchos temas de alcance global. Es presisamente ese acercamiento a hechos y personajes actuales e históricos, los que, en mi opinión, le han concedido una mayor extensión, y merecido bautizo universal. Por ello considero como una verdadera bendición para nosotros los hispanoamericanos, la circunstancia de que Mario Vargas Llosa haya nacido en Arequipa, Perú, en el año 1936, y que, como afortunadas consecuencias de este detalle histórico y geográfico, sea nuestro contemporáneo, y escriba en Español.
Ahora mismo estoy contemplando su foto, una imagen captada en plena faena, y que recoge la íntima entrega de la creación literaria. Me refiero a la portada de un compendio de textos, originalmente aparecidos en su columna “Piedra de Toque”, del diario El País, de Madrid, y que fueron agrupados en este libro bajo el título El lenguaje de la pasión, de la editorial Aguilar. Y como, además, soy de la opinión de que nunca es tarde para los agradecimientos, tengo por ello en mis manos la posibilidad de saldar una deuda conmigo misma. Es hora ya de expresar algunas opiniones y sentimientos nacidos de la influencia que la obra y la personalidad intelectual de Vargas Llosa han proyectado sobre mi propia forma de pensar. Porque, aunque quizás ésto no sea totalmente de su agrado, él ya se ha convertido en un personaje célebre de nuestros días; integrando por derecho propio el grupo de creadores que han ganado de antemano un lugar en la memoria de los tiempos futuros.
En la modesta biblioteca de nuestro hogar, mi esposo Pedro y yo hemos coleccionado, a través de los años, muchos de sus libros, y allí estan colocados en un espacio de honor, entre otros, Conversación en La Catedral, La tia Julia y el escribidor, Elogio de la madrastra, Los cuadernos de don Rigoberto, La Fiesta del Chivo, y El Paraíso en la otra esquina. Mi pareja es el lector insaciable de las novelas de Vargas Llosa, pero en esa categoría yo sólo alcanzo un distante segundo lugar; sin embargo, son sus artículos periodísticos y de opinión los que mas fuertemente me atraen e impresionan. Ese es el caso del primero de los textos de la mencionada recopilación El lenguaje de la pasión, su título: “La señorita de Somerset”. En él Vargas Llosa nos presenta sus ideas sobre una poco conocida escritora de novelas románticas británica, ya fallecida, (Betty Trask era su nombre de pluma); y nos ofrece una imagen sensible, mágica, y a la vez profunda sobre ese personaje de la vida real. Asi comienza: “La historia es tan delicada y discreta como debió serlo ella misma y tan irreal como los romances que escribió y devoró hasta el fin de sus días”. Para mi es fascinante percibir como este escritor trata de entender y captar el principio que mueve a esa mujer a llevar una vida en aislamiento, sumergida en el ambiente de los personajes y las situaciones que ella misma creó, obviando asi las circunstancias reales de su tiempo y del mundo exterior. Vargas Llosa logra transmitir su identificación con la decisión que toma esa escritora, y que la lleva a vivir en un mundo protegido por los márgenes de su imaginación.
Además de la originalidad y riqueza del estilo de su prosa, hay dos elementos que se perciben en el contenido de los trabajos peridisticos de Vargas Llosa, y que generan en mi gran respeto y admiración. En primer término, el deseo explícito de profundizar, todo lo posible, para llegar a captar y entender el asunto que esté desarrollando; y por otro lado su esfuerzo por expresar, con la mayor objetividad y honestidad a su alcance, sus opiniones y conclusiones sobre un determinado personaje o situación. Tengo la impresión que es su finalidad ofrecer una visión que refleje sus propias ideas sobre cada tema en un momento dado, ya sean éstas totalmente acertadas o no. Creo que han sido estas facultades, unidas a su interés por todo lo humano, las que le han asistido a la hora de discernir y abordar problemas sociales de su país, y de numerosas partes del mundo; y hasta le han permitido comprender la situación real de Cuba y de nosotros los cubanos, estableciendo una íntima aproximación como pocos intelectuales no nacidos en la isla han logrado. Es aquí donde se encuentra el mismo centro de mi profundo agradecimiento a este hombre. Vargas Llosa pudo descubrir la verdad sobre el gobierno de Cuba desde muy temprano, al despejar con sus ojos sabios la falsa piel de oveja que cubre la faz del dadivoso tirano. Un ejemplo de su capacidad de acercamiento al tema cubano lo encontramos en su valiente artículo “Vida y miserias de Elián”, también parte de El lenguaje de la pasión. En él este escritor analiza todos los sentimientos e infortunios que rodearon este desgarrador caso; desde las pasiones y frustraciones de los miembros del exilio cubano, el oportunista y magistral poder de manipulación de Fidel Castro, hasta los desasiertos garrafales de la administración Clinton; sin olvidar el centro del asunto, la triste historia personal del niño Elián Gonzalez.
José Martí, apóstol de los cubanos y una de las grandes figuras del pensamiento intelectual hispanoamericano, afirmaba que siempre debíamos honrar a quien honor merece, y ésta ha sido una buena oportunidad para expresar algunas ideas sobre Mario Vargas Llosa, un genial y prolífico escritor; testigo y generador de nuevos capítulos en la vida cultural, social y política de nuestro tiempo; pero sobre todo, una figura que ante mis ojos representa toda la belleza del espíritu del ser humano, con sus grandes sueños, aciertos, inquietudes y pasiones.