| Quieto
como árbol en verano mi memoria desaloja antiguos poemas para mis prójimas inevitables. Voy por el mundo observando las piernas de cada muchacha, esas sombras largas que precipitan la imaginación y el romanticismo que surge con la nostalgia de los boleros. Un profundo anuncio humedece mi rostro, busco una verdad donde pasar el invierno. La noche defiende mis recuerdos de bohemio, la luna en la ventana más próxima a mi vecina y ella reafirma su juventud con una mirada en el espejo. -Palidece ante el rumor generalizado, por una historia suya publicada en un oscuro folletín, La Espantosa Virginidad de las Feas y Otras Historias.
|