| Sí,
sí, la sublime poesía, las sílabas del agua cantora surgiendo de los surtidores, manando del ignoto manantial. Las redes llenas de peces, claro, el atisbo en el entresueño con los sensores en pánico, agobiado de luz luminal. Pero un salto al vacío, ¿sabes?, el fuego fundacional ardiendo de tu propia madera vital, de tus leños irreproducibles, e iluminado de alegres ascuas, tu sino profético en marcha hacia la absolución por el fuego, consumido en esa consunción. Al final de tu peregrinaje, el santuario de las castas musas iluminado de tu fatiga, ciñéndote el preciado laurel. Pero un duro aprendizaje, ¿sabes?, y tu alegre discipulado al fin y al cabo servidumbre, sublime abnegación libidinal. |