Traspapelé los recuerdos de aquella triste mañana,
pero no tus ojos zarcos, violetas de tu mirada.

Extravié tus memorias, dejé de esgrimir la palabra y
me empapé del silencio que derramó tu fantasma.

Descarrié tus recuerdos y con ellos mis palabras. Dejé
de hablar para siempre aquella triste mañana, cuando
la muerte se llevó el añil de tu mirada.