| La
arista del triángulo desconoce el secreto. Corta el pan y deja el cuchillo a un lado. El mantel a cuadros rojos y blancos cubre la mesa del rincón tras la puerta, los vasos boca abajo, todo limpio y humilde pero con una cierta gracia rozando el encanto. Es una época enloquecida, en que se habla atropelladamente, quizás para sustituir con palabras la ausencia de nada relevante. Pero esa nada es un todo. Tal vez es que nada es significativo. Corta otro trozo de pan, y sigue la vida. Lo relevante y significativo ocurre dentro de nosotros. |