Viajero que vas de un país a otro,
deshajando tu piel, tus raíces
para recuperar otras pieles y rostros:
analogías que en el aire se disgregan
y se recomponen
como en un caledoscopio
de tu propia historia.

Viajero que sigues y apenas recuerdas
el vaho de la brisa de tu ciudad,
lo perdido y encontrado
de las voces de los otros
con su lengua y su naufragio.
Y tu, con tu callada voz
pasas por estaciones y trenes
que anuncian la lesa humanidad,
mientras tu barba crece
para recordartre lo que no eres.

Entonces, sacas tu visa de peregrino
y es muy facil sentirse extranjero,
el tumulto de gente que pasa no te oye ni te ve,
y la multiplicidad de lenguas
son parte de tu caleidoscopio,
y tu mirada esta tratando de abarcar
el universo con un solo pensamiento,
pero es inútil.

Viajero, llevas en tu cauda de aire
tierra, mares y bosques espesos
la falla nemotécnica de la memoria
que surge en lo que queda
reflejado en tus gafas;
lo que te contaron libros y personajes
y que ya no son ciertos.

Viajero, por fin llegas, ya sea por medio
del sueño, la aventura, el poema inconcluso,
por otra voz que te grita del otro lado del atlántico,
o en la pantalla de tu máquina;
ya viviste todas las guerras,
hasta las mas absurdas
y el paraiso perdido te ha dejado mudo.

Tus pies reposan en otro país
solo para volver al texto y a la palabra.