Esta pincelada atraviesa mi cuerpo de alambre y paja.
En la ventana, la perpetua paloma
alimenta una cesta de lamentos óseos y profundos.
Los dioses infecundos te nombran.
El escarnio de mi noche Azul,
de mi almohada
compuesta por los célebres impudores,
te nombra
construyendo una paleta de pasiones.

Todo el invierno
sobrepone una colección de mariposas
(el alfiler del miedo acecha como un búho).

Tómame en mural de diamante,
masilla con fervor de serpiente entre mis senos.
Anúdame entre las piernas
una astilla de corazones y escarabajos.
Inviérteme los flancos
para componer una caracola adúltera y perversa.
Ámame entre los colores de la siesta.
Permanece en mi ataúd
hasta que te llueva
de mis fluidos contornos
   la muerte.