Pintaré una a una tus ventanas, las viejas y torcidas tuberías, las rejas, las puertas que al cerrarse desconciertan. Llenaré mis lienzos con tu imagen, iré pincelada a pincelada. Me perderé en tus balcones de barandillas estrechas, de miradores sin vistas, de verdades que, de tan frías, queman como si fuesen ascuas. Mostraré al mundo tus recodos, la sombra que en verano proyecta tu fachada. Abriré la puerta vieja para perderme en tus entrañas de cemento, de escaleras melladas de peldaños, de pisos sin calefacción, de gentes casi olvidadas. Iré piso por piso, imaginando comparsas de niños con bicicletas chirriantes y oxidadas. Mostraré el otro lado, el que se esconde tras la puerta de entrada, ésa que a pesar de estar abierta, algunos verán cerrada.