| Hace
milenios, un día de primavera, hice pájaros de ramas bajo tu vestido y en una noche caliente en el Trópico los pegaste a mi pecho con arena, sol, luna y mar hoy tienen sus nidos en las paredes de cemento de nuestra casa al lado de una ventana abierta donde un gato somnoliento, pensativo, burgués satisfecho, los ve entrar y salir a veces suele pasar un tren o un barco por el jardín y los pájaros se desprenden de esas paredes cantando y se quedan parados en la ventana sueñan con irse a recorrer todo el infinito Universo hasta que los encuentre la muerte donde sea hasta que los vaya calcinando la oscura radioactividad convirtiéndolos en arena enamorada o en caliente polvo perfumado quizás gigantesco tornado de colores dando vueltas, alucinado, por las blancas llanuras de la luna llena. |