Cegado por la luz

Algunas veces la felicidad no es ya más una simple sensación
Sino algo tangible.
Recuerdo que hace tiempo una muchacha hablaba de mi sonrisa
Como del milagro de la luz
Y yo, siempre acotando los excesos, iluminé mi rostro pensando
Que el amor lleva desde magníficas palabras para el recuerdo
Hasta lastimosas consideraciones para olvidar.
Sólo pocos días antes de escribir este pobre reclamo de paz para mi corazón,
Yo toqué la gloria de luz sobre tu almohada. Allí estaba,
Como una luciérnaga posada sobre tus labios.
La funda tenía líneas azules y blancas, como la sábana,
Rematada por un borde que imitaba el denim.
Estábamos debajo del Mundo en ese mismo instante,
Tú debajo de mí. A nada parecía tenerle miedo,
Incluso asuntos tan tangibles como la muerte y la vida.
Con nada que pensar, ¿cómo podría?

Madrid, octubre 2004