Si yo, como Salomón, pudiera también tener mi deseo...
Si yo, como Salomón, pudiera también mantener mi voluntad,
o Una Voluntad: la equidad, la justa.
Si mi cariño fuera entonces el fiel de la balanza;
si tú, por obra y gracia (¿o desgracia?) de la inequidad de la vida,
no hubieras cesado nunca de ser mi fiel compañero.
Si la romana no hubiese sido ya un amasijo de moho,
seguro que ni una legión de adarmes la doblegaría.
¡Manda carallo! Si yo, como Salomón, pudiera tener mi deseo,
preferiría siempre tener el único deseo de ser el hierro del desecho,
optaría siempre por tener el único deseo de ser quien escucha estas palabras
y no ser ése que las dice, no ser nunca
el cruel que diga siempre podrás contar conmigo,
somos dos hombres civilizados, juntos nos reímos,
desafiamos la diferencia y la igualdad, nos amamos sin mucho aspaviento,
sin innecesaria alharaca, hemos sido parte de un misterio
que nos acompañará dondequiera que vayamos, con cabalgadura o sin ella,
equipados o ligeros, continuaremos siendo misterio, silencio,
tenue sonrisa de los locos, si yo pudiera tomar la decisión
de ser tú quien decidiera por mí... ah, Salomón, desgarra pues
mi cuerpo en dos mitades, sé perfecto en tu equidad,
haz algo; haz, por Dios, todo lo que yo no puedo hacer.