Yo entro y salgo de lugares asquerosos
y no me mancho porque soy un caballero,
y los “gentlemen” tenemos el alma tan sucia
que no se distingue un diamante
y nuestros ojos tan oscuros que un foco es una estaca en nuestro pecho.
Adoramos los eufemismos, practicamos
la rápida respuesta evasiva que ataja y paraliza la verdadera respuesta
y cuando vienes a ver, te has quedado mudo, colega: fuera del juego.
Simulamos interesarnos por el más cercano en la barra,
pero es sólo un trozo de hielo derritiéndose en el cubata:
mañana sale el sol y bajo el sol no reconocemos a nadie.
Evadimos las palabras con medias palabras, sustitutos
y sílabas de telégrafo que llegan a constituir un idioma indescifrable:
“porfa” con mohín de gato caprichoso,
“finde” con una ligereza y una velocidad que deja atrás cualquier fin de semana.
Innumerables vericuetos para decir sin decir y que parezca que hemos dicho.
Innumerables golpes de pecho para sonorizar nuestra magnanimidad
de foso quebrantado por una tisis galopante.
Pero esas son las bestias que tiran del arado,
de un arado fantasmal que parece hincar la quilla
cuando en realidad se mira las uñas.
Yo meto y saco la cabeza de los tanques de basura
y cada vez que lo hago me dejo algún mueble de la azotea,
did ya getit, broz?