Escribo desde la mujer que soy.
Escribo en el silencio,
por él y las mil voces
que me impiden detener el bullicio,
el cauce del río.
Escribo con los restos de mi memoria,
con lo que he rescatado del relato antes de recordar,
con las voces de los muertos,
con sus ojos,
con sus escamas

—tan sedientas como mi piel—

Escribo cada una de las cosas que me nacen
y las que se mueren dentro de mí, poco a poco.