| Imaginación Imagínense un cielo, una muralla, una caja de cartón para guardar los sobresaltos. Imagínense la luz creciendo en el jardín, inundándolo todo con su cabellera, y la tarde que rechina entre las maderas de la casa. Imagínense la desazón de no saber qué se han hecho los dioses, a dónde fueron a parar con sus barbas y sus mujeres de terciopelo perfumado. Imagínense lo imposible, la felicidad, que todas las puertas se abran y usted descubra que no está ahí, que la llevaba siempre prendida como una mariposa en su pelo. |