Imaginación
Imagínense un cielo, una muralla,
una caja de cartón para guardar los sobresaltos.
Imagínense la luz creciendo en el jardín,
inundándolo todo con su cabellera,
y la tarde que rechina
entre las maderas de la casa.
Imagínense la desazón
de no saber qué se han hecho los dioses,
a dónde fueron a parar con sus barbas
y sus mujeres de terciopelo perfumado.
Imagínense lo imposible,
la felicidad,
que todas las puertas se abran
y usted descubra que no está ahí,
que la llevaba siempre
prendida como una mariposa en su pelo.