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| Me
sobra coraje para amar la muerte He viajado a mi niñez en sus espaldas he visto los helechos colgantes en el patio el árbol de la vida el claro de luna llegándome, apaciguándome. Gracias a la muerte Estoy en Schuaima Otro modo de existencia Otra forma de quedarse Y acostumbrarse a los recuerdos A uno mismo, A ese otro conocido. La roldana y el cubo Cantaron la caída de mi cuerpo A través del túnel de las sombras Su música blanca; -Cántico dormido al final del pozo- formó una gigantesca onda que cubrió de canciones y músicas eternas mi espíritu de pájaro mi alma de águila nocturna. Forastera He abierto los ojos a la vida Luego de ese viaje inexorable Después del paso transitorio por el sueño. La música de la roldana llegó como el sonido de las aguas. Antes de que cayeran las hojas de los árboles Antes de que el viento dibujara otro reloj Con las estrellas Estaba en Schuaima Desprovisto de mi antigua ropa, Desnudo, Con los ojos abiertos Entregado a la pasividad, Al permanente transcurrir Por el valle de las tristezas. |