existirá esa playa de ardiente arena que
alguna tarde memorable de tus labios estuvo
rodeándonos abriendo nuestro deseo y luego
dejó de ser y se ha borrado o ya no la contamos
entre nuestras posibles mínimas pertenencias

y aquella esquina de la ruinosa ciudad cuando
tu corazón se puso a aletear
y rompió los barrotes diminutos
para llenarse de mis manos

dónde estarán ahora esos sitios que un día
o una noche en que la vida era
algo menos terrible y caminábamos
bajo el relámpago de la posible dicha
sólo siendo nosotros tú en mí
yo transformando la pena
en un tejado que cubriera
el desamparo no previsto

tal vez en el delirio
del último minuto sobre la tierra
en medio de las olas de la agonía vuelvan
la playa y esa esquina donde el pájaro
de la pasión de una muchacha
que sigues siendo cada vez más al fondo
renazcan perfilados contra la oscuridad
de la muerte y podamos regresar

sólo por eso me gustaría morir
intentar que se instalen para siempre
y no sean únicamente lugares amados
instantáneas que la vida sepultó
y el pájaro de tu corazón vuelve a temblar
y mis manos caminen sobre tu espalda para
que el fulgor del deseo nos recorra
como un viejo que mira desde el aire
con precisión los sitios donde jamás imaginó
que iba a secarse el agua que lo ahogaba
dulcemente y sin prisa
cuando podía cambiarlo todo
y hacerlo una y otra vez.