| existirá
esa playa de ardiente arena que alguna tarde memorable de tus labios estuvo rodeándonos abriendo nuestro deseo y luego dejó de ser y se ha borrado o ya no la contamos entre nuestras posibles mínimas pertenencias y aquella esquina de la ruinosa ciudad cuando tu corazón se puso a aletear y rompió los barrotes diminutos para llenarse de mis manos dónde estarán ahora esos sitios que un día o una noche en que la vida era algo menos terrible y caminábamos bajo el relámpago de la posible dicha sólo siendo nosotros tú en mí yo transformando la pena en un tejado que cubriera el desamparo no previsto tal vez en el delirio del último minuto sobre la tierra en medio de las olas de la agonía vuelvan la playa y esa esquina donde el pájaro de la pasión de una muchacha que sigues siendo cada vez más al fondo renazcan perfilados contra la oscuridad de la muerte y podamos regresar sólo por eso me gustaría morir intentar que se instalen para siempre y no sean únicamente lugares amados instantáneas que la vida sepultó y el pájaro de tu corazón vuelve a temblar y mis manos caminen sobre tu espalda para que el fulgor del deseo nos recorra como un viejo que mira desde el aire con precisión los sitios donde jamás imaginó que iba a secarse el agua que lo ahogaba dulcemente y sin prisa cuando podía cambiarlo todo y hacerlo una y otra vez. |