|
Afuera amanece
en voz baja
la distancia duele como golpe de luna.
Por el corredor regresa el aire,
tatúa en mi rostro la complicidad de la incertidumbre.
Al fondo del comedor una lámpara ilumina
una vieja fotografía,
absorbe el tacto de mi mano
y la vida vuelve a contarme su propia historia.
La lluvia vertical regresa a mis zapatos,
viejos libros me confinan en la distancia.
Esta es la esquina de la vida
la que no hubiese querido doblar nunca.
|