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¿Y para
qué, me pregunto,
cursar un doctorado en algoritmos,
buceando en la bibliografía
al acecho de un error en la teórica
o una falla en la formulación del corpus,
si luego naufrago por la noche en tu cama?
Y no sé calcular la distancia de hielo
que separa mi cuerpo de tu cuerpo,
si la velocidad es cero en el trayecto
que va de mi deseo a tu silencio.
Los números
precisos,
su constitución en ecuaciones,
en logaritmos neperianos,
no resuelven, no pueden resolver
en su complejidad el enigma del fuego,
corazones que no estallan
en llamas pirotécnicas, sensuales.
Construir puentes,
abrir ventanas,
franquear puertas, mandar besos cifrados,
gestos de buena voluntad
para comunicar mi mundo solitario
con tu universo esquivo y extraño.
Donde los números no sirven,
invierno donde todos los silencios
se han quedado colgados del calendario,
numerados,
muertos...
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