Allí, escondida entre piedras,
bregando por existir,
abres tu pétalos cálidos
al caminante veloz
y careces de perfume
para avisar tu presencia
y mostrar tu corazón.
Florecilla silvestre
que en la aridez del suelo
naces para morir
sin que sepan tu angustia,
ni comprendan tu anhelo,
de alegrar el sendero
del ingrato vivir.