| He
sentido mis palabras desmoronarse, las he sentido apuñalar mi garganta y cortarla con el filo de la soberbia. Las he masticado sin dar tiempo a un pensamiento ligero que las condenen. También las he sentido indiferentes, sin tacto, cuando me golpean con el amargo de las verdades. Son ellas (mis palabras) enemigas y aliadas por conveniencia. Venenosas, asesinas, irónicas. Quebradas en mis labios, las he sentido, al enfermarse de anemia por amor. Inofensivas. Mis palabras se volvieron mudas cuando una ráfaga de viento a su paso acabó con ellas. Y ahora no están, no las siento, no las respiro. Han muerto calladas y desgastadas, cansadas de pronunciar sonidos inútiles. |