Mondrian, el pintor en el jardín
Por: Enrique Agramonte Robles

Quiero dar por sentado que todos conocemos a Piet Mondrian, quien nació en Holanda el 7 de marzo de 1872 y falleció el 1 de febrero de 1944 en la ciudad de Nueva York.

Luego de estar el primer tiempo de su vida como pintor paisajista, en 1911 se decide a pintar cuadros cubistas, junto a Georges Braque y Pablo Picasso. Así evoluciona y años más tarde, cuando nos interesamos por el arte abstracto, podemos encontrarnos con este precursor, el testarudo Piet Mondrian, quien en 1920 con el Neoplasticismo, transformó la plástica en rectángulos, cuadrados y colores.

Después de pasar la Primera Guerra Mundial y en medio de la segunda, emigra a Nueva York, donde crea cuadros como el titulado Broadway Boogie-Woogie, que es toda una exaltación musical.

Composition No.10, una de sus obras que emana líneas en todas direcciones, fue realizada en 1915. En ella se ve un círculo ovalado de color ocre, verdoso y gris, lleno con rayas oscuras, imitando algo así como la gráfica de los juegos de laberintos, plasmando formas de cubículos cerrados y abiertos de una expresión estética muy singular. Pero más que ovalados los cuadros de Mondrian, son líneas que suben, bajan y se cruzan las verticales con las horizontales y van paralelas unas de otras, dejando lugar para bloques de colores equilibrados y armónicos.


Años más tarde de todas estas creaciones artísticas, aparece la computadora que puede ampliar el fragmento de un dibujo a color, doscientas o cuatrocientas veces su tamaño original y proyectar en la pantalla imágenes que nos recuerden las ciudades y los jardines abstractos del viejo Mondrian. Quizás como él los imaginó, cuando los pintaba y dividía con la línea negra, los rojos, azules, amarillos, y blancos.

Las artes recrean, las artes agitan. Como lo hacen las rayas de Mondrian muchos años después de creadas. Porque allí está la huella del hombre. Cuando nos identificamos con la obra y visualizamos el mensaje escondido para convertirlo todo en un juego entre dos. El que pinta y el que observa, dividiendo la responsabilidad tanto para uno como para el otro.

Así es el disfrute, pensando quizás, que nadan las líneas sobre la esfera de Mondrian, invadiéndonos con ese calidoscopio de posibilidades, marcando casillas en un inagotable laberinto de vivencias. ¿Entonces los cuadros son flores ampliadas, que se hicieron intencionalmente para nosotros? Es posible que sí, en la medida de que este viejo paisajista, fue convirtiéndose en abstracto, amplio, divisible y bueno, y se define por los colores primarios, aunque en realidad sean los tonos crema, verde y azul, los que imperaron en su gusto de pintor holandés.