Hopper, el pintor americano de los tiempos de la Depresión
Enrique Agramonte Robles

Edward Hopper, parece no tener límites cuando interpreta en sus pinturas las experiencias cotidianas. Se expresa rápido y claro como introduciéndonos en su mundo, un mundo de contrastes, dominado por el color y el diseño.

Entre las obras de este genial pintor está "Nighthawks", en la que nos presenta una estampa de los años cuarenta de soledad y desafío. Esta ha sido posiblemente la obra más importante de su creación, fue realizada en 1942, detalla el ambiente nocturno de una pareja que en la madrugada comparte su café. Hopper incorporó a su lienzo la calle, la cafetería y añadió el mozo y un hombre sentado en la barra. Al realizar el decorado del lugar utilizó el misterio de la noche en beneficio de su propia pintura y puso a todos detrás de la vitrina, para convertirlos en unos personajes de ese mundo madrugador.

Edward Hopper nació en 1882 en Nyack, New York. Estudió en la Escuela de Arte de esa ciudad, donde lo acreditaron como un excelente alumno, de cuyos trabajos se desprendía gran elegancia y pureza. Estuvo cuatro años en Europa, de 1906 a 1910 y allí desarrolló la creación de formas sólidas, alargadas, voluminosas y totalmente arquitectónicas, con las cuales logró captar la síntesis del espíritu de las grandes ciudades. Realizó infinidades de cuadros, estudiados uno a uno, como buen amante del dibujo y el diseño. Con su afán captó las temáticas y las escenas dignas del cine o del drama de una aplaudida obra de teatro.

La fórmula de pocos elementos es muy usual en la pintura de este creador, que permite recrearnos, con una narrativa escenográfica que por lo general queda en suspenso.

Hopper es un maestro de la insinuación, uno de los más significativos pintores realistas del siglo veinte, su obra ha dejado siempre intensiones ocultas, como una especie de juego con el drama de la soledad de la que nos hace partícipes. De esa misma manera cada cuadro que encontramos de él, nos enfrenta a la realidad norteamericana de su tiempo, particularizada en los problemas cotidianos de sus personajes.

Hopper, crea la obra "Chop Suey" en el año 1929, año de la Gran Depresión en los Estados Unidos. Con este título oriental nos muestra las imágenes de varias personas sentadas en un apacible restaurante chino. La primera mesa compuesta por dos mujeres, muy similares las dos y la mesa del fondo la componen un hombre y una mujer. El hombre, que es el único hombre del cuadro, está vestido con traje y corbata. Todos aparentan mantener una conversación, no se sabe el motivo que los trajo hasta allí, pero la mujer que está con el señor se parece a las demás. El señor ha colgado su abrigo largo tal vez despreocupado porque hay calefacción. A simple vista este cuadro no parece decir nada, pero nos deja siempre con la preocupación de saber la intensión que tuvo Hopper al repetir con diferentes colores de sombreros, la misma dama. Afuera está el crudo invierno y se ve el letrero del restaurante con el nombre "Chop Suey".

"New York Movie" otro de los cuadros más famosos de Edward Hopper fue creado en 1939, con el riesgo de desarrollar una escena dentro de un cine. Los tonos de colores y el manejo de las formas del lugar dan un toque ingenioso a la incógnita de las imágenes. La intriga envuelve a una joven que espera por alguien o que no se decide bajar a su asiento, dejando solo a un señor que la está esperando visiblemente sentado en la penumbra. Al fondo se pude apreciar el fragmento de una película que se exhibe en la pantalla.

En el cuadro "Summertime" pintado en 1943, una mujer blanca está de pie en la entrada de un edificio, como en un escenario, parada en los escalones que hacen la entrada, donde el sol trasparenta su sensual figura y el viento sopla ligeramente para darle a esta escena una sensación de movimiento. Ella mira pensativa a lo lejos, mientras descansa su mano derecha en la columna. Este mismo tema de la mujer en la espera, se repite en "South Carolina Morning" de 1955, con la figura de cuerpo entero de una mujer negra que cruza sus brazos y aguarda a la entrada de un pasillo.

La sorpresa, la soledad, las angustias, la esperanza, la intriga, son hechos relacionados con los cuadros de Edward Hopper, quién muere en Nueva York en el 1967, dejándonos en su legado estético la valorización sicológica de un mundo americano, individual y valioso.