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Bouguereau,
el cuadro y la belleza
Por Enrique Agramonte Robles
El arte no muere; de un soplo, vive como sonámbulo,
hasta que reaparece de nuevo, como éste que es uno de los máximos
exponentes de la pintura clásica universal.
El
fin del siglo XIX dejó varios representantes de la pintura clásica
como ejemplos, para los nuevos caminos que se abrirán en el siglo
XXI.
Nuevamente se necesitarán muchos espacios en los museos y en las
pantallas digitales para mostrar escenas llenas de lirismo de este pintor.
Guillermo Adolfo Bouguereau, nace en Francia en 1825 y muere en 1905.
El tiempo justo para que su obra crezca y deje sus frutos. Fue un artista
que se responsabilizó con la búsqueda incesante de la belleza,
en escenas tanto románticas como líricas. Sus cuadros se
pueden observar durante largo tiempo, porque nos conducen, a través
de sus intrínsecos laberintos, por un caudal de sensaciones e imágenes
que al unirse nos dan expresiones seriamente hermosas, llenas a su vez
con inmensidad de detalles. Esto es sólo una justificación
del pintor, un modo de decirnos en este juego visual lo que quiere demostrar
con la pintura.
El cuadro "La niña sostiene manzanas en la mano", creado
en 1895, habla de la ternura infantil, esa ternura que tanto agrada y
que Bouguereau expresa con sus colores. Las formas de las manos de la
niña al sostener las manzanas, el pelo ondulado, el vestido, el
paisaje del camino, es el conjunto estético que compone la obra
para descansar en el brillo de su mirada infantil.
Hoy por hoy el artista se puede nutrir de todos los estilos y manifestaciones
artísticas. Los acontecimientos de la ciencia y la técnica,
en lo que respecta a las artes, nos muestran sus logros, como se puede
ver, mediante las páginas de Internet, visitando exhibiciones,
museos, galerías, compartiendo charlas, noticias internacionales
e información general sobre la cultura.
Los arquitectos, decoradores, pintores, escultores y los amantes del buen
arte, pueden unir su fe en pos de la recuperación de estas obras
clásicas, que a fuerza de uso se perdieron en otras épocas
por los almacenes del olvido.
La pantalla de la computadora con la obra "El primer beso",
hecha por Bouguereau en 1873, se convierte en poesía al observar
el contacto de los labios de una niña mariposa con un angelito.
Esta idea es realmente poética. Una poesía para la que los
que no somos poetas, podemos prepararnos y sentir así su poder
a través de la sensibilidad que hay en cada uno de nosotros.
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