El mundo de Manuel,
escapó de Europa y América
- de paisajes conocidos y días rutinarios -
y como el Dante nos lleva por encima y debajo de la Tierra
y nos participa de su cosmos exótico y lejano.
Uno con tigres blancos,
mujeres de países tal vez imaginados
en tertulias alcohólicas de artistas de Arles,
islas y fronteras perdidas en el tiempo…
Abisinia antes de ser Alta Etiopía,
piedras preciosas y espejos
que saben de Mata Hari y sus bailes cortesanos
histerias y celos,
almas solitarias con sueños invisibles
y la total ausencia de mediocres.


Lozano es un autor genial que entró con bordados de hilos de oro en la galería de los poetas destacados de nuestra literatura y nos entrega con creación majestuosa, lo que los lectores esperan de un tipo de lenguaje fantástico que se inició con Dante Alighieri y luego se desarrolló con Poe, Quiroga, Márquez y llegó al cenit con Borges. Sus personajes viven repitiendo glorias que hemos adoptados como el acervo cultural de nuestra artística memoria: Los inmortales cultores del Jazz, los legendarios creadores del Folklore Argentino, los escritores que nos hicieron vibrar en los días de nuestra pubertad descubridora, tal Hermann Hesse, El Lobo Estepario y tantos otros pedestales de nuestra identidad actual y nostálgica.
No es casual que Silvina Ocampo haya dicho que los poemas y relatos de Manuel Lozano la transportaban a los infiernos del cielo, a Paraísos que creyó perdidos para siempre..."Me fascinan... ¡Lo esperé durante tanto tiempo!" dijo.
Manuel es un gran escritor hispanoamericano y lo será por siempre, más que real, es nuestro ansiado sueño literario, ondas de ideas y palabras que se han independizado del diccionario y que viven ya incorporadas en la literatura Lozaniana.
Argentina es productora de hombres y mujeres de trascendencia universal. Manuel Lozano es uno de ellos.