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| Una
buena mañana soleada, con esos soles napolitanos de la Italia bohemia,
soles que reblandecen la cabeza de los más testarudos y alcanzan
la calva de los curas que se levantan con el alba. Soles mediterráneos
que colaboran con el recalentamiento de nuestro querido planeta y de los
pensamientos de algunos por estos días. Claro, éste es un sol muy particular, ustedes pueden imaginar lo que se sufre en la Costa Azul, el trabajo arduo de un sacerdote con una parroquia blanca que mira al mediterráneo mientras reza avesmarias rodeado de monjitas que le preparan pasta al burro y escancian sus jarrones saturados de Chianty para calmar la sed que lo devora. Nooo, que vida tan complicada, cómo quisiera yo fundar una comunidad parecida. Hacer mis oraciones mañaneras en un risco salvaje donde las olas rompen sus disgustados ímpetus. Manejar un camión que tose y escupe en cada curva y cantar mis alabanzas a la buena muerte a ritmo de acordeón, recostada en alguna esquina de la plaza principal del paisiño como dicen allá. El problema es que esa tormentosa vida parece afectar el cerebro a los desdichados que la padecen. Para la muestra el botón del padre Antonio Rungi, sacerdote y teólogo italiano que lanzará en Septiembre vía blog una convocatoria para la elección de MISS SISTER 2008 a la cual se pueden inscribir las monjas que consideren que tienen los suficientes atributos terrenales como para hacerse acreedoras a la corona. Con esto desea darles más visibilidad dentro de la Iglesia Católica, para combatir el estereotipo de que todas son viejas y severas. "No vamos a hacer desfilar a las monjas en traje de baño", subrayó el domingo el padre Antonio Rungi vía telefónica desde su poblado de Mondragone. "Pero ser fea no es un requisito para convertirse en monja. La belleza externa es un regalo de Dios, y no debemos ocultarlo, las monjas están un poco excluidas, están un poco marginadas en la vida eclesiástica. Con tan luminosa idea el mencionado clérigo pretende promover el trabajo de las hermanitas y de paso hacerle propaganda a la aporreada imagen de los religiosos modernos que por conocidos escándalos han ocupado primeros lugares en las noticias mundiales. En fin, le abono al padrecito el deseo de promocionar a las religiosas y dar a conocer sus trabajos en la comunidad, pero yo me pregunto: Porqué más bien monta una productora de videos y se dedica a filmar películas porno con los sacerdotes vecinos? Quizá sea más rentable y pudiera colectar fondos suficientes para reconstruir iglesias, conventos, seminarios, montar uno que otro comedor comunitario que condujeran con toda diligencia las monjitas que quiere sacar del anonimato, o tal vez mucho mejor, establecer un programa de becas para que las más inteligentes se vayan a preparar y regresen a aportar sus recién aprendidas destrezas a la comunidad que las patrocinó con la compra de las películas en cuestión. Cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa. Ustedes podrán llamarme anticuada si quieren, pero caramba, monjas en reinados de belleza es como hacer una fiesta de ladrones en las oficinas del tesoro o una convención de vegetarianos en un rodizio. Por las razones que sea, hay límites que valdría la pena considerar. Si es que realmente todavía tiene algún sentido dedicarle la vida a Dios y a una vocación de entrega al servicio del prójimo más allá del comercio y sin terminar convertido en una marca promocional por muy buenas intenciones que sean las que nos impulsan. En virtud de esta novedosa teoría propongo que las funerarias promocionen sus eficientes servicios lanzando un concurso para elegir al muerto más sexy. Los hospitales compitan por el enfermo más apuesto y las cárceles de máxima seguridad elijan al asesino más tierno. Inventémonos un Oscar para premiar éstos genios creativos. O un una categoría nueva del Novel para condecorar a los violadores que se porten bien cuidando niños en un jardín infantil. Mejor dicho amigos, apague y vámonos que este mundo se está acabando. |