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| Los
versos en mi boca guardan los nombres indelebles de la risa. En secreto asoman por las comisuras y se confunden entre ellos, adulterando la historia de qué sirvió para la ocasión de su descubrimiento. Unos vinieron de fuera, prendidos a otros labios; otros nacieron en el silencio de esos enormes ruidos, atronadores presagios de un mundo por terminar. Y todos brotaron y cayeron como el propio mundo, con la indeferencia debida, y con la leve y plácida sombra de la satisfacción. |