
É
bom pasar a tarde em Itapuã
Vinicius de Moraes
(como lo canta Maria Bethânia)
| No
he estado nunca en Itapuã, no he pasado esa tarde exquisita de la que hablan los versos, pero, habiendo vivido tantos años enjaulado, tengo experiencia en los fortuitos ejercicios de la mente que algunos llaman imaginación, otros más osados sueños y algunos mucho más estúpidos se obstinan en llamar ideales. Itapuã; dígase i, ta, pú acentuada levemente, y suavizando aún más la dura lengua española hasta el desquicie total, cierre el nombre con una a liberada sobre la que caiga todo el peso de los ciegos ojos que ven más allá de la janela el cálido escondite abierto del portugués errante que como agua de mar acaricia el corazón con su espuma sin forma definida, nunca más definitiva. Tómese un respiro para saltar del pú a la a hasta que boca y mirada se extienden en un ¡ah! ¡aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! y se hace la tarde en Itapuã: el sol burla el cristal de la ventana, el cristal tramposo que no se abre del todo para que a nadie se le ocurra ir a buscar una tarde en Itapuã. El sonido del agua invade la habitación, la cárcel de las paredes, la cárcel de mi cuerpo, la cárcel de la mentira, la prisión de la ilusión, y nunca más escucharán mis oídos el timbre irritante de esa aguja blanca que me repite como a un niño tonto mañana te pondrás bueno, cuando ni siquiera entonces fui tan inocente. Es bueno pasar una tarde aquí, el sol es un sedativo que también nubla la vista, ensoñece por igual distancia y cercanía. Busca un lugareño que escale la palmera, uno que sepa bien encontrar lo siempre dispuesto entre lo verde y descubra por el retumbar hueco de la esfera, el misterio del agua que nadie sabe de dónde llega. Da cinco machetazos a la boca del coco, tú que tienes fuerza, y dámelo en las manos para yo alzarlo por encima de mi cabeza, y como de un cántaro dejar caer sobre la mía ese agua lechosa que me regala Dios. Te toca a ti, Antonio; o cuando mucho, a ti, Sergio; el primero y el último que sobresalen de la arena de Itapuã caminando hacia atrás, hacia el que fui, hacia el que fui y el que soy en esta tarde exquisita de Itapuã. Madrid, 20 de abril de 2008 |