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| Nubes
que gravitan por los mares Revestidas de gárgolas y hojas De ráfagas, remolinos y tornados. Como un fuego sordo Su música se enarbola en nuestro río Y toman el aspecto de un tambor de piedras En el agua colora de otros firmamentos. Saboras, oloras, espesas, Salutíferas como La leche de la lluvia, Las nubes de Schuaima serpentean Prendidas de las manos de la brisa; Imitando el cuerpo pisciforme de las aves, Los anchos muslos de las olas, Las crines desafiantes del caballo. Nubes de pináculos y hadas Descienden con sus bucles dorados Asemejando hermosas doncellas En cuyas manos El fuego y la luz se expande Como el incienso y la mirra de otras orillas. Y de allí Del mismo cielo del río Rogitama Se ve ascender y descender Igual al mito de Jacob: Una escalera, una puerta, Una hendidura donde traspasar el viento, Y las nubes majestuosas; Leves, blancas, multiformes, Abren sus compuertas de nodriza fresca Aromando al mundo Con su música líquida, Con su agua densa, Con su sabia de pájaro-pez, océano-cielo. Qué húmeda toda esta apología, Esta fábula de figuras en el cielo, Las nubes de Schuaima: El lenguaje que estriba en otros continentes. |