La cosa es que anoche estuve todo el tiempo acostado.
Comencé a quedarme dormido en Las Vegas
y volví a la vida con el corazón horrible de un programa de juegos en Madrid.
La gente grita mucho, demasiado para esa hora de la madrugada,
sobre todo después de haber pasado toda la tarde escuchando
la agotadora batalla contra los demonios de un borracho callejero.
Apagué el espanto -¿cuál de ellos?-
y entré en otro espanto de sueños interminables: uno está ya como Sábato,
en un continuo Informe contra Ciegos.

Desperté a las 7.
Luego bajé a pagar el teléfono.
Desayuné en Wooster, conversando con otro cliente gay medio filosófico y Julio José,
el camarero venezolano que no se llama JJ pero a mí se me parece a JJ.
Bea me acercó El Mundo y me lo puso en las manos.
Es bueno encontrar estos rincones donde de pronto comienzas a ser alguien,
alguien traspapelado quizás, un titular en el que ni siquiera habías reparado.
Luego me fui a tomar fotos. Disfruto con el descubrimiento del ojo que abraza
la belleza o la fealdad del aire insospechado.
Mientras el ojo se abría y se cerraba, mis labios volvían
una
y
otra
vez
sobre el mismo estribillo.
Life is so lonely without you
Maybe you'll be lonesome, too
And blue.

See the market place in old Algiers
Send me photographs and souvenirs…

Fly the ocean in a silver plane
See the jungle when it's wet with rain
Just remember 'til you're home again
You belong to me

Nadie canta en Madrid. Las vecinas
se asomaban a sus balconetes y me miraban con recelo,
con la mirada que se le dedica a un loco... pobre Jason Wade.

La vida sigue. Ley de selva.


David Lago González
Madrid, 10 de julio de 2007