
| He
dejado los guantes en el piso me cansé de dar duros golpes sin respuesta ni un solo grito, ni mugido mucho sudor en mi rostro y una lágrima de desesperación hasta sacarme la venda de los ojos y darme cuenta que estaba peleando contra nada en esa batalla en la que había apostado mi vida y la ropa que llevaba puesta me bajé y fui a buscar tal vez, un verdadero contrincante que me diera, por lo menos, la satisfacción de saber que valía la pena morir por algo más que por cansanció. |