He dejado los guantes en el piso
me cansé de dar duros golpes sin respuesta
ni un solo grito, ni mugido
mucho sudor en mi rostro
y una lágrima de desesperación
hasta sacarme la venda de los ojos
y darme cuenta que estaba peleando
contra nada
en esa batalla en la que había apostado mi vida
y la ropa que llevaba puesta
me bajé y fui a buscar
tal vez, un verdadero contrincante
que me diera, por lo menos,
la satisfacción de saber que valía la pena morir
por algo más
que por cansanció
.