“Todos queremos cambiar el mundo
pero cuando tú hablas acerca de la destrucción
no sabes que no puedes contar conmigo”.
(Revolución 1) John Lennon y Paul McCartney”.

 

Hacer el amor y no la guerra
se convirtió en una moda.
Ser “hippie” no era tan sólo
llevar pelo largo, hombre o mujer,
quemar el sujetador en la vía pública
o asistir a un concierto de rock.
Ser “hippie” era el pasaporte
para la enajenación del dolor
de las nuevas generaciones que no entendían
el triste saldo moral de un medio siglo.

Demasiado daño comprimido en un planeta,
de hombre a hombre inflingido.
Hacer el amor y no la guerra
se convirtió en una moda.
Protesta subliminal del intelecto,
siervo simpático del afecto.