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Palabra
contra el fuego es mi palabra.
Pan son mis manos de tierra, pan que he comido y como y cuya masa es la carne de mis manos, pan cuya sombra es la cosecha amarga y antigua de los ojos que roturaron los campos a través de mí. Estas palabras ya sólo albergan pasado, antiguas como la nieve que duerme en los neveros de mi abandonada e inexistente casa, blanquecino reflejo que moja y oculta las sendas impuestas por las que sin saberlo caminé. Éste es el hogar del tiempo sin pretensiones, la hogaza humeante de los niños felices, el huerto ajeno y profanado mientras duerme el Guardián. Palabra contra palabra es la dicha que da significado a la llama, que aviva y conserva el rescoldo convertido en vino y en sal. Palabras como el pan que busco todos los días bajo mi lecho, sobre mi espalda de trilla añeja, junto a la escoba de pobres tamujos que conmigo quemarán lo que yo he de barrer. Campos y siegas extrañas, ciruelas ácidas y oscuras corrientes que aún comprometen con la muerte desde el caz, que aún aguardan en las acequias a los inocentes, que aún convocan ánimas en los pretiles del pilón. Hoy se ha fugado el que vigila, el que cercena los rayos de luz, el que recauda en su molino los diezmos por respirar. Nadie ha venido conmigo hasta el árbol donde no se olvida. Nadie quiso arrancar los tocones podridos que reventaban las albercas construidas con fe. Nadie ha venido, y se han mezclado la grama y el grano, la luz y su espada, mi mano y la piedra, depositarios de virutas y desolación. Nadie ha venido, y así se ha nutrido el vacío hasta quedar inerte la esperanza. Palabra contra palabra es esta horca, es el surco que abre el azadón: únicas plegarias que todavía poseo para pedir que llegue el recuerdo de los recuerdos, para que arriben mi boca y sus estancias, mi cuerpo y sus racimos, mi sombra de reo, mi agua de oasis y llaga en la piel del furtivo cepo, mi dolor de lo lejano y sangre de lo próximo, mi amor anterior a todo lo que se me dio como sagrado. El tiempo nos ha hecho llegar a todas sus moradas, y allí fuimos quedándonos: allí, allí: -Ha vuelto el Guardián. |