para Carlos Victoria, que le gustaba mucho ese cuento.

This is Major Tom to Ground Control
I’m stepping through the door
And I’m floating
In a most peculiar way
And the stars look very different today
(David Bowie, “Space Oddity”)


Esa estrella que surca fugazmente el firmamento,
sin tropezar con otras aristas, sabe bien su camino.
Como la nave que nos aloja, sabe donde nos lleva.
(¿Se ha perdido el contacto...?)
La estrella es un hombre del cielo que conoce la ignición.
El hombre es una estrella a la que se le pide un deseo.
Una idea va y la otra viene, como la fe.
El niño en la Tierra los mira y se confunde.
El hombre que arde es un astro que concede milagros.
El cometa es un sabio que salió de la cápsula
para ajustar una tuerca y resbaló en el espacio.
Ambos son uno, y uno son dos,
y los ojos del niño en la Tierra hacen de ello una multitud.
La estrella, al desaparecer, queda en su memoria
como la aparición de un dios.
El hombre que resbaló en el vacío, atraviesa
las distintas capas del aire como una bola de fuego,
y su polvo, cenizas, se estrellan contra la hierba
como el rocío.