
"A
Bola de Nieve, el negrito gordinflón que tocaba el piano y
cantaba canciones sentimentales
en español de Cuba y en catalán, en francés y
en inglés --<El manisero>, <Desembre
congelat>, <La vie en rose>, <Be careful, it's my heart>,
etcétera--, lo conocí en Madrid, hace
cosa de treinta y cinco años, quizá más, y lo
ví por última vez en La Habana en enero de
1965, en Floridita, el bar en que Hemingway se bebía sus daiquirís
uno detrás de otro y sin
parar. Estuvimos muchas horas conversando y tomando copas en Tropicana
y otros
bailongos. En Tropicana una moza del oficio se lamentaba con una compañera
de lo mal que
le iban las cosas; sentaditas ante su refresco de granadina, hablaban
las dos con mucha
mesura y buen sentido; la mayor de ambas, quizá compadecida
del mal cariz de la economía
de la joven, le dio un consejo que me hizo meditar durante horas y
horas:
--Mira, chica --le dijo--, lo que tú tienes que ser es más
deialéctica, ¿te enteras?
Bola de Nieve y yo terminamos la noche en la cantina de una funeraria;
allí las funerarias son
menos tristes (o más tristes) que aquí y tienen cantina
abierta las veinticuatro horas del día.
Los acompañantes ahogan sus penas en ron, o en lo que sea,
y a veces hay que darles a
oler amoníaco y sacarlos a la calle a que respiren aire puro.
El poeta Allen Ginsberg, el sumo
pontífice del movimiento beat, que era habitual cliente de
la funeraria (en Benarés había
vivido de quemar cadáveres), tenía una cogorza más
que suave y predicaba la paz con un
gesto profético y grandilocuente, muy <ad hoc> y apropiado
a la circunstancia. Bola de
Nieve, que era un moderado, no veía con buenos ojos los dislates
de Ginsberg. A Bola de
Nieve lo que le gustaba era tocar el piano con suavidad y cantar boleros
con su vocecita de
tiple; Bola de Nieve era un poeta franciscano pasado por el trópico,
un espíritu delicadísimo y
elemental que sonreía siempre con dulzura y sabía acompañar
a los amigos. Bola de Nieve
cantaba <La flor de la canela>, y <Chivo que rompe tambó>,
y "Ay, mamá Inés>, poniendo
toda su alma en la garganta. Bola de Nieve murió hace ya más
de diez años. Descance en
paz Bola de Nieve, el negrito gordinflón que sabía cantar
las canciones sentimentales y
minúsculas que ahora recordamos."