No soy alta, ni flaquita, en fin: no me parezco en nada a Claudia Schiffer pero me gusta extendenderme cuan larga soy sobre la tierra (jijiji, 1.53) y mirar el cielo.
A mi alrededor los cerezos movían pausadamente sus ramas cargadas y me sentí feliz.
Habían pasado los dos días del momento más duro del tratamiento, durante ese tiempo mi cabeza sólo estaba fija en el deseo de acercarme a los cerezos.
“Me tenderé sobre la tierra y la oleré”- me dije.
Brillarán sobre mi cabeza las cerezas y el mundo se transformará, me repetía, mientras tomaba el Pausedal.
Y me di cuenta que mientras creara un mundo extraordinario, con las cerezas rebosantes, cada instante malo se transformaría en un ramo de frutos sabrosos.
Lentamente me fui levantando, recogiéndolas con delicadeza, luego de lavarlas las fui masticando pausadamente, la frescura y el dulzor ensombrecían esos momentos de dolor y cansancio que había pasado.
Pensé colocarme un par de cerezas colgadas de las orejas y dos racimos sobre el turbante, si no me los comía antes...
Sonó el móvil, alguien me preguntaba cómo estaba.
Sólo atiné a responder poéticamente “En el mundo de las cerezas en flor”.