Se abrió la rosa,
no al sol
sino a la luna creciente.
Mostró su alma
a las estrellas,
dio su perfume a las brujas.
Chillaron las lechuzas
para ensalzar su belleza
de pétalos mágicos.
Se deshojó al amanecer
y el viento lanzó sus pétalos
sin compasión.
Llegaron a ti...
¡Guárdalos, escóndelos!
SON RESTOS DE PANDORA.