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¿Quién
podría arreglar este mundo tan descabellado? ¿Sería
posible arreglarlo? ¿Cómo?
Los pesimistas, en una posición acomodaticia, se cruzarían
de brazos: ¿para qué intentarlo? Es inútil.
Los optimistas se perderían en fantasías, sin precisar
algo concreto que nos llevara a soluciones prácticas.
Contemplando la historia de la Humanidad, si ponemos en una balanza
los logros del arte, de la ciencia y de la técnica, podemos evaluar
que hemos hecho maravillas de esta parte; y de la otra parte, la gama
de horrores que los hombres hemos cometido. Sin duda, la balanza se
inclina del lado de los horrores.
El panorama de las luchas fraticidas no parece presentar ninguna esperanza
de ajustes, de acuerdos, de armonía, de paz. El momento actual
es crucial.
¿Qué podemos hacer nosotros, los seres sencillos que estamos
en nuestras casas, lejos de los lugares o puntos de conflicto?
¿Cómo podríamos, como ciudadanos del mundo, influir
en los gobernantes para que traten de subsanar las divergencias y conducir
a los pueblos constructivamente?
La inteligencia es faro que alumbra las tinieblas, disipa los
misterios y triunfa del error. Estas eran frases del himno del
colegio donde estudié. ("María Teresa Comellas",
en La Habana).
¿Podrán los hombres, usando su inteligencia, vencer sus
dificultades, sus problemas, sus incomprensiones?
Ya es tiempo de sobra para que los hombres superen sus fanatismos, sus
supersticiones, sus dogmas.
Ya es tiempo de sobra para que los hombres se hagan conscientes de sus
errores, de su desmedido afán de lucro, de sus desatinos.
Pero, ¿qué medidas tomar?, ¿qué educación
brindar?
¿Cómo podrían los pueblos y sus gobernantes actuar
con inteligencia en vez de emocionalmente?
¿Por qué seguir pensando que el otro es mi
enemigo y hay que acabar con él?
¿Sería posible que los millones y millones que ocupamos
el planeta cambiáramos de actitud? ¿Sería posible
que nos ayudáramos unos a otros, en vez de tenernos mutuo miedo,
mutua envidia y mutuo rencor?
¿Quiénes podrían arreglar este mundo tan absurdo?
NOSOTROS, LOS HUMANOS.
¿Quiénes podrían convertir en realidad las más
dignas y nobles aspiraciones colectivas? NOSOTROS, LOS HUMANOS.
Pero, ¿cómo?
Ilustración:Kurt
Seligmann |