"¡Qué llueva, qué llueva,
la Virgen de la Cueva,
los pajaritos cantan,
las nubes se levantan!"
Ese canto de niños
repercute en mi alma,
cuando la lluvia fría
va cayendo, cayendo.
Se refresca la vida,
los árboles descansan…
la arena se apretuja
y muy pronto se encharca.
Sobre el agua cae agua,
como si manantiales
se deslicen sin tregua
desde nubes lejanas.
El sol cuando presiente
que la lluvia se acerca
se esconde tras las nubes
para que caiga el agua.
El corazón se agita,
las lágrimas se acaban.
Todo queda bendito
cuando llueve en la playa.