| Ninguna
palabra empieza este poema que viene turbado ya desde su origen imagen que busca sombra más allá de la luz luz que hiere los ojos abiertos no la puedo atrapar con el estuche de mis manos una sirena de emergencia suena a lo lejos como la jauría de perros en el horizonte de Lorca nadie me llevó al río y ahora tu rostro es otro rostro semejante al olvido detrás de la puerta se abre el espejo hacia mí misma ahí no hay temblores ni luces ni aspavientos sólo la lucha contra el ángel para no morir me gustan las habitaciones de hoteles sábanas egipcias blanquísimas como la inocencia de las ciudades al amanecer candelabros de cristal como de lágrimas mármoles de vetas rosadas venas que transitan bajo mis pies y entonces la noche parece morir sobre cuatro almohadas de plumas y el ritmo de la guerra pareciera un eco muy lejano como aquella sirena de emergencia en Nueva York en habitaciones así la soledad me parece más viva que la muerte de las banderas mi cuerpo solo caliente este lecho te arrastro a mi insomnio por los cuartos helados de mi memoria para repetir el deseo las campanitas de cristal el duende con la estatura de mi soledad quien me refleja eres tú mismo es tu hambre y porque los pájaros ya no nos son refugio el amor te elige para cambiar de rostro no creas que no sé que es a ti a quien le hablo |